La fortaleza viviente  es el don más preciado de un alma, que distingue los patrones de bien para fortalecer de su propia alma y del alma del prójimo, cuando distingue  los patrones del mal del prójimo de esa alma ayuda a esa alma en involución a llevar una secuencia hacia el propio Dios y a ayudar a la personalidad a quedarse más quieta, más sensible, mas pasiva y más sana y sobre todo vibrando en un propio Dios.

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